Cuarto Nudo

Y comenzamos entonces a subir y a subir y a subir y a subir y a
subir, sin descanso, hacia la cumbre sagrada de Apu, por la senda del
corral quemado, por la huella de las yescas, por el caminillo de las
pirkas muescadas con yeso , por entre los yuyales, y por ahí, por esa
vieja ruta secreta , fuimos ascendiendo con el pequeño séquito de los
miradores de la sombra y los guardadores de la miel y los
escanciadores de chicha y con los que adivinan la ventura en las
caracolas rojizas y en los huairuros, y con los cargadores y los
domesticadores de estrellas en las empastadas del cielo.