Haroldo de Campos como crítico: el límite es el mundo.

Haroldo se pasea libremente por el centro y los márgenes de la cultura mundial, buscando desestabilizar lo instituido y reactivar lo desechado por la tradición, confiando en la potencia del lenguaje, en la originalidad del transcrear y en las posibilidades de la imaginación. De ahí también la importancia que cobra el estilo en los textos haroldianos, las frases ágiles, los párrafos extensos, llenos de ideas y asociaciones inesperadas, los neologismos, los continuos paréntesis, no son meros juegos retóricos que se imprimen.