Huelga de hambre en Cuba


Actualizado: 03/04/2010

El sistema penitenciario cubano

El sistema penitenciario cubano es, sin duda, uno de los más brutales e inhumanos del mundo occidental. A diferencia de otros países donde las personas que cometen delitos políticos van a cumplir solamente privación de libertad, en Cuba el castigo va más allá y busca el escarmiento y el arrepentimiento de quien se atrevió a desafiar la “revolución”. Vladimir Lenin decía: “A tu enemigo reedúcalo, y si no se reeduca, destrúyelo”. Y esa es la máxima que rige la actitud del gobierno contra los opositores.

En Cuba, los presos políticos son obligados a convivir con presos comunes, y generalmente son ubicados junto a los delincuentes de más baja calaña, de forma que la intimidación, el abuso y hasta la agresión sean parte de un modo de vida difícil de soportar. La alternativa usual para ellos es: ser víctima de abusos o incurrir en la violencia para proteger su integridad. Si a esta situación agregamos las infrahumanas condiciones higiénicas, caracterizadas por la falta de agua y jabón, la convivencia con cucarachas y ratones, colchonetas sucias y camastros rotos (algunos duermen en el piso por el hacinamiento), se comprende fácilmente el infierno que son las prisiones cubanas. Esas condiciones deshumanizantes generan, a su vez, altos grados de irritación y violencia entre los presos. Y si agregamos que la alimentación es muy pobre y de pésima calidad, carente de vegetales, carnes y frutas, y que la asistencia médica es precaria y difícil de obtener, no deben sorprender los altos índices de enfermedades, suicidios y mutilaciones que a diario ocurren en las prisiones.

Los presos políticos que deciden mantener su actitud de rechazo al sistema político y no muestran evidencias de “reeducación” (arrepentimiento), son trasladados a las prisiones más alejadas de sus familiares, de modo que se agrega otro factor de sufrimiento para el preso al ver las visitas familiares, que usualmente tienen lugar cada dos o tres meses, limitadas a una al año si la familia encuentra cómo hacer el viaje en un país donde el sistema de transportes es un desastre.

Aquellos presos políticos que no se doblegan bajo esas condiciones de vida y optan por denunciar tanto horror, van a parar a las celdas tapiadas, celdas individuales a las que les sueldan planchas de acero sobre las rejas de la puerta y ventana, convirtiéndolas en oscuras y más húmedas. A los presos en celdas tapiadas se les suprime la hora de sol semanal.

Los castigos y golpizas de los carceleros son habituales. Cualquier protesta por la falta de atención médica a un enfermo es respondida con golpizas, habitualmente usando objetos contundentes. Los guardias de las prisiones son casi siempre aquellos soldados o policías que resultan castigados por su violencia o por peleas con sus compañeros. En las prisiones pueden descargar esas iras y violencia.

Bajo esas condiciones, muchos presos políticos optan por hacer huelgas de hambre reclamando condiciones de vida humanas o respeto para su integridad física. Pero, ni aún en huelga de hambre, los presos políticos tienen paz. Aparecen entonces las torturas para hacerles desistir de su actitud. Es usual que a los huelguistas les nieguen el agua, como denunció Orlando Zapata Tamayo, al que tuvieron 18 días sin agua, ocasionándole el fallo renal que terminó con su vida.

Los archivos del Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas acumulan décadas de denuncias y pruebas sobre atropellos como los aquí relatados. La ola de protestas internacionales que ha generado la muerte de Orlando Zapata Tamayo y, en especial, la actitud de condena de la Unión Europea, nos devuelve la fe de que algún día esa situación terminará.

Luis Zúñiga Rey
Ex preso político por 19 años en Cuba