ESOS OLVIDADOS PÁJAROS MIGRATORIOS BAJO LAS TORRES GEMELAS

(Esta columna fue escrita el 12 de septiembre y publicada el 14 de septiembre de 2001. Fue la primera vez que se mencionaba que en las Torres Gemelas habían muerto también cientos de indocumentados. CNN solamente el 17 de septiembre mencionó, en un reportaje hecho por la periodista de origen mexicano María Hinojosa, que indocumentados habían perecido en esas torres. Reproduzco la columna tal como apareció el 14 de septiembre de 2001. Y solamente en octubre de 2002 el New York Times, por primera vez, reconocía la gran cantidad de indocumentados muertos el 11 de septiembre. Esta columna fue publicada luego en varios sitios y  en 2005  en un libro mayor que se puede ver en:
http://web.whittier.edu/academic/facultymasters/onewound/index.html)

“Univisión”, la cadena hispana en Estados Unidos, era la única que el martes 11 de septiembre mostró en sus trasmisiones, y  por mucho tiempo,  gente que se lanzaba al vacío para no morir entre las llamas. Aquellas escenas impactantes las filmaba un camarógrafo  luego de estrellarse los dos aviones en cada una de las Torres Gemelas. El camarógrafo era un peruano que acompañaba a la periodista, igualmente peruana, comentarista de “Univisión” en Nueva York, María Teresa Vilches. El fue uno de los primeros (quizás primero  que los reporteros de CNN que luego dominaron globalmente la información y la transmisión) que tomó muy de cerca esas imágenes. Escenas que ningún canal norteamericano pasó ni ha pasado desde el 11 de septiembre, aplicando así una estricta censura para no mostrar escenas desagradables, según la justificación implacable que ha dado CNN.

Aquellos reporteros ya se encontraban muy temprano –cerca de las ocho de la mañana- en el bajo Manhattan, cerca de las Torres Gemelas, para cubrir las elecciones que se realizarían ese día en la ciudad. Era poco antes de las nueve cuando impacta el primer jet en una de las torres. Los periodistas de “Univisión”  estaban de espaldas, a metros de las torres, por eso fueron -y por pura casualidad periodística- los primeros allí y el primer camarógrafo que comenzó a filmar en vivo, y a reportear de inmediato, para la cadena hispana. Eran las primeras imágenes mundiales de aquellas escenas que cuesta mentalmente procesarlas. No era un camarógrafo de Steven Spielgberg ni de Stanley Kubrick, ni menos estaba filmando efectos especiales creados en una sala simulada de Hollywood, ni menos manipulaba una computadora para hacer realidad y creíble (a todos los espectadores del planeta) la caída de cuerpos desde las Torres Gemelas.  El camarógrafo peruano dijo en “Univisión”, en una entrevista en la noche del 11 de septiembre, que él lloraba mientras iba filmando aquellas escenas de gente lanzándose al vacío. También dijo que cientos hacían señas desesperadas desde los agujeros en llamas de las torres, a  la altura quizás del piso 80,  90 u 100. “Capte cerca de 12 personas que se lanzaban desesperadas en un vuelo al vacío y a la muerte”.

Cuando yo vi aquella filmación que puso “Univisión” en la noche, se veían caer los cuerpos como si fuesen pequeños pajaritos a los que se les habían rotos las alas. Se veía el aletear de sus camisas. Algunos iban como agarrados al aire, de espaldas y sin moverse. Otros, boca abajo, descendían casi en cámara lenta y sus ropas iban haciendo señas a la nada. Eran objetos minúsculos, diminutos, en relación a las gigantescas torres que ardían y a minutos de derrumbarse como chupadas por una mano gigante y negra que había debajo de sus cimientos, o agazapada debajo del mar, escondida en aquellas aguas  oceánicas que rodean la parte sur de la isla de Manhattan.

Recién hablaba con una mujer de Colombia quien me decía que 300 colombianos trabajaban allí limpiando regularmente los edificios. Trabajadores de limpieza. Todos desaparecidos. Uno de ellos, luego del impacto de los aviones, se encerró en una oficina semi-perforada a llamar por teléfono a su hermano y contarle donde estaba. Fue la última llamada y luego con él se desmoronaba la primera torre.

Pero lo que no se ha comentado en CNN, cadena que domina toda la imagen e información de lo sucedido a nivel global, es sobre los miles y miles de trabajadores de la limpieza y de servicios diversos que trabajaban allí  De esos cientos,  muchos (o la mayoría) eran trabajadores ilegales de distintos países de América Latina (y de otros lugares del mundo sin duda) que no podrán ser nunca identificados. Y no lo serán porque muchos usarían documentos falsificados para trabajar o porque tampoco estarían registrados en las listas de sus empleadores como trabajadores legales. Como se sabe, las cifras de ilegales en Estados Unidos que se manejan son de 11 millones. En grandes ciudades como Nueva York la cantidad es muy grande. Basta irse a la cocina de un restaurante en Manhattan, por ejemplo, o ver quienes hacen la limpieza en los edificios, para darse cuenta que la mayoría son de origen hispano y una cantidad apreciable son indocumentados.

La identificación de ellos será imposible de determinar porque miles de indocumentados, que trabajan en Nueva York por ejemplo, han venido solos/as a este país, cruzando aquella la frontera entre México y Estados Unidos. A nadie tienen (ni tenían) en este país que los puedan reclamar o identificar. ¿Cómo algún familiar en México, América Central, Chile, Perú, Colombia, India, etc., podrá saber en que lugar de Estados Unidos estaba su hermano, hijo o pariente? ¿Moriría realmente en esas torres? ¿Era mi hijo quién se lanzaba al vacío para no morir quemado?  Y si él/ella  mandaba dinero de algún lugar de Estados Unidos, ¿cómo saber de qué dirección verdadera o falsa  lo enviaba?  Si no tenía a nadie conocido en Manhattan  ¿quién podrá dar fe, Dios mío,  que él o ella  trabajaba en el turno de la noche de aquellas majestuosas torres limpiando escaleras,  oficinas, hasta las nueve de la mañana?

Si uno mira detenidamente aquellos que se lanzaron, desesperados, entrando con pánico a la muerte, era esa gente que estuvo quizás 8 horas (en el turno de noche) limpiando aquellos dos edificios. Era gente que aún llevaban sus  ropas de trabajo. No eran oficinistas. Estoy seguro que la mayoría eran personas de la limpieza. Eran pájaros sonámbulos que una vez cruzaron arrastrándose por la frontera que divide Estados Unidos y México. Pero ahora se iban a las profundidades de la muerte,  volando sin  alas,  sin poder regresar al lugar de donde vinieron. Porque ellos jamás pudieron ser aves migratorias en este país, sino golondrinas de un solo viaje.

 

* Poeta, narrador, columnista