Rocío Santillana

Siente Lima como el cuarto prestado donde nació hace cuarenta años, y donde bautiza un poemario inédito, embarazada de su primera novela. Piensa Madrid como la habitación que alquila para ganarse la vida escribiendo guiones de tv, y en el que Virginia Woolf le hizo la primera visita. Su maleta es su cuarto propio y compartido, y en ella y con ella rodea atajos, acaricia dedos y extraña afectos cruzados. Se deambula a sí misma y devora paisajes hasta que se detenga en un lugar donde el aire de una playa sea la ropa que la abrigue camino de la universidad o de un huarique salsero.

Traca vertebral

tú sabes que me acelera verte ahí arriba
dislocado en tu emporio salsero
apuntando el cañón de tus ojos
a la diana de mi boca, al blanco de mi lengua
reptando el cable que baja de tu pantalón
al micrófono amplificado de mi falda.

yo sé bien que te enloquece
bailar sobre una mano en el suelo
hincar el aire con tu traca vertebral
y el juego de tu pelvis percutida.

los dos sabemos que te excita y me pierde
que me veas emparedada en el público
mi ombligo, un horno entre pubis de levadura
un torso paseando en mis manos su desabotoneo
enredándose al collar que retira de mis dientes
un sandunguero que me destrepa buscando
el toque de clave en el síncope de mi cadera.

pero lo que me pervierte es señalarte con el dedo
hacer que traigas a mi arena tu tumbao amarrao
al punteo contenido del bajo
que tus labios mordisqueen
el aro que cuelga de mi oído
columpio donde se mece tu aliento
y el chéquere de tu voz me cataratea
mamá, sofócame como tú sabes
ay, dios, no me ampares, atorméntame, tú, diosa Ochún.

Poema del cuaderno inédito “Mi otra lengua” (2008).

Foto: Rocío Santilla

Foto: Rocío Santilla