T RUMP US A

Desvío crucial fuera, es-
trechísimo: a diferencia

de antipoesía, des-
trucción crítica ad ab-

surdum a ratos, a ratos
mimético-forestal par-

odia de poema poeta
(sin borradura pura

del doble filoso borde
de Parra mismo el 73),

la antipoecia alias anti-
PoeCIA no sólo sin más

oclusiva fuera (trascen-
dental, negativa) sino

abiertamente platónica,
política: purgar de poesía  

la polis (policía), estado den-
tro del estado, uy agency, y,

redundancia infinita, la traza
de/en la propia CIA. Aun el paso

al “concreto” en Parra –cf. Chistes
para despistar a la poesía (policía)

confirma la derrota entreabierta
por Poemas y antipoemas (1954).

Diez años más tarde, en The
Aesthetic Opposition (1964),

Sherman Kent, por años mentor
de Intelligence analysis en la CIA,

redobla la oposición jerárquica
entre filosofema y poesía, con-

denando a lxs poetas por su ambi-
güedad, diseminación y, al cabo,

descontrol de sentido: “Huelga decir
–remata Kent– que mis esfuerzos

por estandarizar el vocabulario
de términos evaluativos [estimative

words] no contó con la aprobación
universal. Mis principales adversarixs

[principal adversaries] eran aquellxs a
quienes como poetas me he referido”.

De qué modo La oposición estética, Poemas
y antipoemas de la antipoecia, se inscribe

en la prolífera herencia de The Mystery
of Marie Rôget en particular y en la tríada

de Dupin en general, no cabe aquí re-
trazarlo: erguida en concreto armado

de la hegemonía de la medida
sobre la desmesura, el control

sobre el descontrol, el matema
sobre el poema, la antigüedad

de la antipoecia se confundiera con
los primeros balbuceos de filosofía.

Hoy por hoy: para nadie un misterio
que Trump no habla bien la lengua

de la CIA; cree ver en Langley nomás
una tropa de progresistas del Liguria

[a nest of nefarious liberals] dis-
puestos a entrabar su presidencial

emprendimiento, o aun a voltearlo.
“La relación [entre Trump y la CIA]

es la peor de cualquier presidente
entrante”, voceara recientemente

Paul Pillar, (ex) alto agente de la CIA.
Pues si hay algo que detesta Trump

es la antipoecia, v. g., la Filosofía, mas no
porque sin saberlo sea un heideggeriano

de pacotillas (que pudiera serlo)
sino porque sino suyo nomás fuera

(ni a Ángelus Silesius ni a Gertrude Stein
jamás leyera)[1]. Dirás: si nunca habrá habido

American poetry como tal (ni hondureña
ni congoleña ni chilena) cómo iba a hacer

grande otra vez a America. Diría: retórica
al servicio de tal o cual voluntad de poder

habrá habido desde que la antipoecia
es antipoecia. Mas poesía, si hay, si tal

se diera, otra cosa sin cosa fuera. Eso
sería. Todo. Sin todo, bien sur. Por hoy.

Pirque, 21.1.16

 

 

[1] Sino porque sino suyo nomás fuera: Trump como síntoma, puro (metafísico) síntoma: cálculo (Trump) contra cálculo (Rump); This Art must my Disciples learn by Rote (Rump: Or an Exact Collection of the Choycest Poems and Songs Relating to the Late Times, Puritan Covenant, London, 1662), etc.