Ugo Gola: Dos poemas

III

Siempre

          antes

               dije

tengo

        siento

              álamo

ahora todo pasó

mi pobre

             escuálido

                         cielo

espacio           espacio

cuerpo            tu cuerpo

el cuerpo corporizado

férreo   carnal   plúmbeo

actúa   gira   engendra

respira como un dios

engendrador vertiginoso

sacude superficie

penetra

lo sucio lo cocido

lo salvaje del viento

toma la piedra

                     la sopesa

la lanza con la onda

                          del aire

la recupera

piedra de antes

de ahora

de siempre

tierra espesa

                  estéril

sólida

tierra pedrosa

piedra terrosa

y la carne aquí

                    vibrando

antes dulce y sumisa

mística y piadosa

                         derrota

royendo el alma

llega a ser lentamente

piedra            pedregullo

asiento de los ojos

pabellón del oído

fuelle obstinado

                         de la respiración.

 

La carne azul

                desvaneció su aureola

la golondrina

la torcaza

el gorrión

la sandía

el durazno

el melón nostálgico

viven sobre la rama

se apoyan en el fresno

en el olmo

en la sonrisa lilácea

del jacarandá

corren

      cavan

hacen pozos.

 

Varió el valor de los objetos

variaron las voces

los silbos

los vórtices

los vuelos

¿qué vale el sol ahora?

¿qué bárbaro vacila?

¿qué viento carnal

deshoja la guirnalda?

¿quién elige

el ojo caído

el párpado guiñado?

¿quién elige aquello

que queda balbuciendo?

 

Por el camino

camina un corazón

                          desnudo

solo

    solitario

              tropezando

viene

     vino

       insumiso

traspasado de un color ceniciento

hinchado

henchido

corrupto    consumido

vino sin sol

sin aire

se descompuso

no tuvo tierra

ni humedad

                 ni gritos

ni silencios

todo faltó a su endeble

sensible diástole

a su sístole sistemática.

¿No queda corazón

ni aire tibio

persistente

               azul?

 

Mas ¿no hay acaso

cielo

     lluvia

           llovizna

nubosidad u oveja

desvalida

           balando

                     insomne

al viento vertiginoso

de un invierno?

 

¿No hay susurro

flauta pastoril

arbusto

         árbol

florescencia

               néctar

                       polen

efusión

        tarde

             crepúsculo?

 

¿Silencio también

corpúsculo de sombra

larva respiración

zumo soldados

agudo sufrimiento

silenciosa siniestra

senda de león?

 

Tentadora progenie

tierra escarpada

sólo el movimiento

modificó la sangre

hizo girar las aspas

de la aurora

y relucir el áureo

                    crisantemo.

 

Turning in the wind

y la hoja desprendida

deshojada del tallo

giró en el viento

solitaria gozosa

en el inesperado torbellino

el balido valiente

respondió a la flauta

la hoja

          la hoja

girando en el viento

cayó como el balido

y se hizo humus

la piedra

             la piedra

prosaica elemental

ferruginosa

soportó el soplo

de auroras

                 y de vientos

mezclados

mezcolados con el barro

y con el polvo

y con las hojas caídas

pudriéndose

y la llovizna

                  llorando

mojó la piedra

el cerro

           el capulí

el sol soleando

se deslizó

           insumiso

como flojo coñac

puso pan en las grietas

puso su oscura fragancia

de madera

             su semilla

y sopló sobre la suave

                            suciedad

junto al embrión polvoriento

el nido de pajas grises

y de plumas

                persistió

sobre la hoja cimbreante

del sauce lloroso

crió la cría

le puso alas suavísimas

y el cuerpo

                 tocó

                      por vez primera

la lisa superficie

                        del cielo

y se encogió de goce.



me hubiera

gustado

          a mí también

 como aquel viejo

          de Wallace Stevens

en China sentado

      bajo un pino

 refugiarme

   bajo un árbol

           cualquiera

          bajo

          un sauce

    o un fresno

       a reposar

 y repasar

           momentos

                          vívidos

  mirar de paso

          pasar

     como aquel viejo

         no las alondras

         que no he visto

                nunca

 sino las bandadas

        de patos

        y bandurrias

           renovadas

        sobre ríos y

          lagunas

en un cielo

         total        

sin una nube

 

      reposar

mientras el viento

   trae sus voces

     y un silbido

        tenue

acompaña intervalos

        luminosos

 u oscuros

 

            el reposo

  recupera

mas el reposo es

             también

    un salto

 

estar sentado

       bajo un sauce

  y sentir correr

    el río

aunque no lo veas

   y sentir volar

                bandadas

           de cuervos

     o caranchos

 

alejarse

       alejarse

sumergirse

 en la imprecisa

         sombra

 dejar

       que vuelen

              las aves

    en círculos

         muy altos

y que vuelvan

    aquellos

        círculos

 

   atrapar

      ahora

aunque desde otro

             extremo

   como aquel viejo

         de China

   el vuelo de las

         alondras

o el grito agudo

  de los pavorreales

desde los

     bordes que asoman

en las orillas

 

  estaban allí

      en reposo

y vuelven

   perfectos

          soberanos

            imborrables